lunes, 29 de enero de 2007

Revista Caras-Diego Torres



"No me da pudor ser un hombre sensible"
Diego Torres en el Este. 70 mil personas lo aplaudieron en Buenos Aires, y luego de un mes de vacaciones en Australia, arrasó en Uruguay con el tour 'Andando'. Es considerado el artista pop más carismático del continente, pero él prefiere definirse como "un hombre feliz".

Andando, carga en sus espaldas los archivos del pasado, un poco de nostalgia y toda la honestidad que puede resistir. Guarda en un bolsillo su tesoro más preciado: el mucho o poco capital de su experiencia y el legado familiar. Andando, imprime sus más básicos instintos viscerales en letras que derriban las fronteras sin ceder a los coqueteos del marketing. Andando, no tiene más pretención que vivir bajo las normas que demanda la nobleza. Y en la intimidad del encuentro habla de un Edipo complejamente divino, de la soledad, del culto a los afectos, la pasión por las mujeres, el amor por su mujer y la vida que le duele. Dice saber que no es el mejor, tampoco el peor. Andando, Diego Torres (36) se confiesa. El hijo de una leyenda. “Recién al crecer fui consciente de la gran y linda responsabilidad que significa el legado de mamá: una sólida formación que constituyó mi esencia de tipo educado, con errores y aciertos, pero cuidadoso de lo humano y el afecto.”Alguna de las tantas veces, Diego estaba de gira en México cuando sufrió una afección a la garganta, lo que le costó cuatro días de descanso absoluto para poder completar las fechas del itinerario en ese país. En uno de los zapping televisivos obligados, pasó por un programa que hacía honor a una pelea de boxeo entre Cassius Clay y Foreman, acontecida durante la misma noche de su nacimiento. El hecho ya tenía entidad de anécdota familiar, pero, esa vez, el revival trajo un plus de reflexión. “Me contaron que esa madrugada del 9 de marzo de 1971, mamá tenía contracciones. Pero tanto era el fanatismo de mi viejo por el boxeo, que ella dejó que la pelea terminase para pedirle que la lleve al sanatorio. Yo era el quinto, y aunque estaba ya casi con las patas afuera, mamá estaba canchera en el oficio. En la soledad del cuarto y con esas imágenes en la pantalla, sentí el mensaje: tranquilo, campeón, es parte del trabajo, lo de la garganta sólo es un dolor que ya pasará.”Los ojos de Lolita. “Mamá era una mujer de pocas palabras, pero de las más acertadas. Dejaba hacer, ser y experimentar. Su lema podía haber sido: ‘Viví todos los procesos que debas vivir’. Jamás voy a olvidar su paciencia y su sabiduría. Al morir, me dejó el compás de la espera y de la reflexión, y el legado de esa mirada que de a poco y aún hoy continúo descifrando.” La influencia. “Crecí en una casa llena de música, de músicos, instrumentos y cantantes. Pero no me hice cargo de la vocación hasta casi entrados mis 17 años, cuando por haber pasado de año, papá me regaló unas vacaciones en Nueva York para visitar a mi hermano mayor. Hasta ese entonces pensaba en ser médico, porque nada me gustaba más que leer los libros de medicina que ese mismo hermano traía de la facultad. Estando allá, fui mesero en un restaurante francés donde también me dejaban cantar algo de vez en cuando. La ficha cayó sola. Así consumé mi coqueteo con la música.”—Con 36 años y varias valijas de gritos femeninos, ¿qué queda del galán?—Ese rótulo, con los años, se convierte en un rol muy propio de la vida que hay que saber jugar. Todos somos galanes cuando queremos o necesitamos, en un trabajo, en casa o para conquistar a una chica. Adoro a las mujeres, pero nunca pude adoptar ninguna pose pretenciosa, por lo que seduzco desde una actitud más casual. El tiempo me hizo entender que si me mantengo fiel a mi naturaleza logro hacer mejor y más rápida conexión con el otro. —Su imagen camaleónica: ¿marketing o necesidad?—Por lo general, hago todo en contra del marketing. Como pasó cuando me corté el pelo a días de haber lanzado un disco que tenía una foto mía con el pelo largo en la portada. Y, encima, lo hice por y para el personaje que interpreté en “La furia”, una película en la que me drogaba, me convertía en presidiario y hasta me violaban en una celda. ¿Qué más podría haber pasado en contra del marketing?. Por lo general, y en términos de lo físico, los cambios de look suelen sacarme del aburrimiento de la imagen, y para un artista sólo es un juego divertido.—El éxito.—El éxito no es nada más que la consecuencia de las cosas lindas que recibo de la gente. Hoy enfrento a 40 mil personas con un clima de café-concert, puedo hablar entre canciones y la gente misma es la que calla a las gritonas para poder escuchar. Mi público es particularmente adorable. Cuando llego a un estadio o teatro, me gusta espiar las caras, ver sus reacciones y notar qué tan diverso es: hombres y mujeres grandes que seguían a mamá y están curiosos de saber qué es lo que hago, matrimonios jóvenes con hijos chicos y novios que se engancharon con mi onda a través de sus novias. —¿Cuánto cuesta seguir siendo el mismo?—Esto es costo-beneficio. El reconocimiento de la gente es energía, pero muchas veces necesito ser uno más en la calle, trato de ir a lugares en donde no me conocen, caminar descalzo y tener la libertad de bajar al kiosco. Esa es mi forma de probarme: “A ver Dieguito, ¿cómo funcionás?,” Por lo general me va bien, porque soy un tipo autosuficiente, y es por eso que puedo salirme de la estructura del show para darle a mi cabeza el oxígeno necesario que me permite seguir. —Las temáticas de su obra general tienen un eje social y reflexivo. ¿El fin del romancticismo, demagogia o convencimiento?—Soy tan visceral que no escribo nada que no salga de mi corazón. Este arte es como un buen vino, mejora su lenguaje con el paso del tiempo. Los temas de mi interés personal se ampliaron, y en la vida no sólo siento amor por mi pareja. Mis canciones reflejan lo que me pasa.Por su apoyo a las iniciativas que promueven la paz, la solidaridad y el respeto a los derechos humanos, UNICEF ha elegido a Diego como Embajador de Buena Voluntad, por creerlo apto para contribuir a garantizar el derecho de los niños y adolescentes a la salud, la educación, la protección y la igualdad. Paralelamente, y junto a colegas como Shakira, Alejandro Sanz y Juanes, entre otros, Torres es parte de la Fundación ALAS (América Latina en Acción Solidaria), una agrupación propulsada por la cantante colombiana y destinada a luchar contra la desigualdad y la pobreza de los chicos de Latinoamérica. —¿El compromiso social no le genera la fantasía de aceptar un cargo político?—No hay nada más lejos de mí que la política. Mi intención viaja por otro carril: es más limpia, más sana, más noble y usa el arte como vehículo conductor de una obra de bien.Diego Torres Unplugged, cuando el artista se desenchufa. “Nada más quisiera que vivir en mi casa de Mar del Plata, algo que intenté, pero fue imposible. El tiempo y el trabajo hicieron de mí un viajante. Pero son sólo algunos los destinos ligados a mi vida: Buenos Aires, Colombia, el país que aceptó mi música cuando salió de la Argentina, y uno de los públicos que más quiero, Cartagena de Indias, Miami, mi segunda casa y centro de operaciones, Madrid y Nueva York.”—Vacaciones en Australia. —Tenía muchas ganas de conocer ese país y me pareció un destino increíble para pasar un mes de ocio. Creo que la Argentina podría ser como Australia, los paisajes y el clima son parecidos a los de Cariló o Villa Gesell. Lamentablemente, nos falta orden social, económico y administrativo. Pero el espíritu de la gente tiene nuestro estilo sureño, con la calidez para recibir a quien viene de muy lejos. Debo admitir que me dio envidia sana haber conocido el Primer Mundo. Siento orgullo de ser argentino, pero no dejo de lado la autocrítica. Y sobre esos sentimientos se desprenden mis canciones, porque apuesto a provocar un cambio en esta nación, y eso se logra comenzando por uno. Quiero que ése sea el mensaje para mi gente.—Cita con la soledad.—Soy un hombre que necesita pasar algunos días en casa, sentado al piano o tocando la guitarra, leyendo un libro, mirando una película, o tal vez, simplemente, echado con la mente en blanco y la mirada perdida. Son ratos que me sirven para chequearme, para saber qué me pasa realmente. Al contrario de lo que les pasa a muchos, a mí no me da miedo encontrarme a solas conmigo mismo.—Los rituales de la creación.—Preciso de muy poco: un instrumento, algún buen compañero de composición y la inspiración, que como dicen los escritores, llega trabajando. Tengo un estudio en casa y me fascina caminar por ahí, en pijamas, pantuflas y con un mate en la mano. Necesito estar tranquilo, concentrado y tener un tema disparador, por ejemplo: “los miedos”. Entonces busco en mi alma aquellos sentimientos asociados con esa idea madre.—¿Ese hábito reemplaza cualquier sesión de terapia?—No, pero es un buen borrador. Me analizo desde hace muchos años, y actualmente implemento un nuevo modo: la terapia familiar con mis hermanos. Una experiencia sumamente interesante y enriquecedora luego de la pérdida del gran eje del grupo, como lo ha sido mamá en nuestras vidas. Su muerte nos repercutió a todos muy internamente y decidimos crear un espacio común para reencontrarnos en un diálogo íntimo y profundo. Mis viejos no criaron hijos, sino que han formado un scrum de rugby que ante cualquier situación une las fuerzas individuales para resistir lo que venga. Después de todo, está bueno decirse las cosas.—¿Quién gana la pulseada entre ud. y su ego?—Consumo el ego en dosis mínimas, las necesarias para poder salir al escenario y afrontar lo que se debe. Luego, prefiero guardarlo en el cajón de la mesa de luz, porque no me gusta convivir con él. Detesto a la gente “yoica”, que todo se atribuye y de todo hace autorreferencia. Y me enamoran aquellos sabios por experiencia, capaces de hacer de sus palabras una enseñanza y, aun así, se toman tiempo para escuchar. En esta era tan ególatra, debo volver constantemente al Diego natural, para no dejar de ser yo.—Su gran mariconada.—Me emociono. Fácil y seguido me voy a las lágrimas. No tengo reparo en demostrar que soy un hombre sensible, que lloro por tristeza o alegría, con un hecho cotidiano, con una película o con un recuerdo, como me pasó hace poco en Australia, cuando recordé a un amigo que había vivido ahí y falleció hace algunos meses. Otro choque con la idea de que la vida es tan efímera.—¿Dónde decide poner su fe?—En Dios, energía y motor del mundo. Porque religión más, religión menos, el hombre siempre habló de lo mismo. Todo radica y se dispara del amor, pero no el que se conoce como sentimiento vulgar del “qué tipo amoroso”, sino del entendido como un concepto más complejo, el que requiere de sabiduría para ejercerlo, y certeza sobre quién es la persona a la que se entrega para saber si realmente lo merece. Y tengo fe en que si se juzga desde ese lugar, el mundo será otro.—¿Habla con Dios?—No tanto con Dios como conmigo mismo. No sé si llamarlo meditación, pero es un buen camino para conectarme. Frente a diversas situaciones o problemáticas, escucho mi voz interior y por ahí se cuela la de mamá, que aparece para tirarme la clave: su consejo u opinión sobre lo que debería de hacer. Andando. “Viajar me abrió la cabeza y vi que el mundo es más amplio de lo que uno significa. En mis recorridos, observé, razoné, me equivoqué y aprendí. Entonces elegí ‘andando’ como la palabra con el mayor poder de síntesis.”—¿A dónde va cuando anda?—A ningún lugar definido. Me siento en pleno desarrollo y me llevó tiempo poder andar lejos de mi país. Soy muy argentino, muy de mis costumbres. Mi terapeuta me exige que sea consciente de que mi música está regada por el planeta y debo hacerme cargo de eso. —Y en ese tránsito, debe de haber contradicciones...—La recurrente, la principal: a veces digo qué bueno es lo que me pasa, pero también creo qué bueno sería volver a ser uno más, algo que debo acomodar en mi cabeza. Tengo muy claro que soy artista, pero el que se cepilla los dientes cada mañana frente al espejo es Diego. Ese desdoblamiento puedo controlarlo al salir al escenario, una prolongación de mi casa. Trato de ser lo que soy, tal y cual al de la intimidad. —Su canción más autorreferencial. —Indudablemente, “Tal vez”, porque nació luego de haber vivido el momento más crudo de mi historia, porque la escribí durante los días posteriores a la muerte de mamá. En su estribillo dice: “Pero hoy, tan sólo hoy / yo me enfrento a la vida curando heridas / hoy, tan sólo hoy / yo perdí de mi vida lo mejor que tenía / y sé, me dijo al partir / estoy muy segura que nos volveremos a ver / y guardé su voz de papel su olor en mi piel.”—Suele cantar mucho al “dolor de la vida”... —Uno aprende a vivir con ausencias, con pérdidas irreparables, a asimilar que la vida tiene ciclos, que un amor se terminó. Cosas que con el tiempo se van acomodando, lo que no quiere decir que vayan cicatrizando.—En su nuevo disco, habla de esos “Amores que matan”. ¿Cuáles lo han matado?—El de mi madre y el de cada una de las mujeres de mi vida, porque tuve la suerte de haber compartido mis años con muy buenas chicas que han sabido dejar marca. Y con quienes he cerrado un ciclo sano, porque también aprendí a quedar bien con quien se ha amado, una virtud muy de caballero.—¿Cuál es su modo de amar?—Soy un hombre apasionado que sabe amar con intensidad y gran temperamento. Elijo esa manera de vivir, siendo cariñoso y romántico. Hice miles de locuras por amor, desde viajes kilométricos, regalos estrafalarios y comidas producidas por mí y a la luz de las velas. Pero más allá del modo, lo importante es poder profesarlo día a día con gestos galantes, caricias, besos, y buenas charlas. —¿Qué cocina cuando quiere ser romántico?—Vale el gesto (bromea), pero me defiendo muy bien. A Debora le cocino carnes y pescados al horno con papas y batatas, pastas y todo lo que me haga olvidar la acartonada comida de hotel.—Aparte de los sabores, ¿con qué otras armas de seducción suele salir al ruedo?—En la conquista amorosa uno es quien maneja el timing. Siempre se intuye cuando la presa está por caer y se tiene certeza de cuándo aplicar la pócima. Mi recurso es el humor y alguna que otra dote actoral que hace posible que el verso no suene a verso. Diego surfea con tanta cintura esas métricas, que pronto se cumplirán los tres años de romance que mantiene el cantante con la modelo Debora Bello (30), eximia belleza del staff de Leandro Rud.—¿Qué es eso que tiene Debora que Ud. no ha encontrado en otras mujeres?—Además de su atractivo fatal, la riqueza interior. Porque, al fin y al cabo, el envase dura poco y ella lo trasciende, por ser una persona de fuertes valores y una frecuencia similar a la mía. Es deportista, y eso me cautiva, porque nos hace compañeros. —¿Qué falta para poner fecha de boda?—Ni ella ni yo somos partidarios del casamiento. No lo sentimos necesario por el momento y ni una boda ni un hijo son item en nuestros planes inmediatos. En estos tiempos preferimos disfrutar de nuestra pareja, viviendo intensamente lo que el destino va mandando. Todo va a llegar en el tiempo que deba ser. Una coincidencia más, no somos ansiosos.—¿Y celosos?—Yo soy muy celoso, pero todos tenemos una dosis, y está bien que así sea. Los celos son señales válidas de que se está amando. —¿Qué tan buen padre sería?—Creo que para ejercer ese rol no sólo debo encontrar el momento adecuado, sino, también, prepararme espiritualmente. Aún tengo cuerda para continuar el desarrollo de mi carrera de horarios cambiados e itinerarios locos nada compatibles con un hijo. Imagino que ser pade será un momento único en mi vida, cuando vea la carita y no pueda creer que sea mío. Pero no se trata de un berretín: me compro casa, auto y un bebé. Ya veré qué pasa cuando llegue el momento, aún no estoy dispuesto a dejar de hacer cosas. –Algo debe de proyectar. ¿Cómo sería esa foto?—La imagen que tengo es la de un papá Diego muy sano, parecido a mi viejo, repitiendo las premisas con las que crecí y el espíritu de la unidad familiar principalmente.—¿Cómo es la relación con su padre, Julio César “Lole” Caccia?—–Papá es el nuevo pilar de mi vida. Mi relación con él hoy en día es lindísima, lo veo tan bien que me convencí de que la vejez hace maravillas. Está más sabio, más aplomado, sin el típico temperamento que lanzaba cuando se enojaba por pequeñeces. Hoy, los dos estamos tranquilos, reflexivos y podemos conectar mucho mejor. Cuando pienso en él, creo plenamente que a los 70 y pico también es posible cambiar algo. “Porque sé que no soy el mejor, tampoco el peor. Tan sólo soy lo que soy, es así”, dice en su canción. Y atajando una pregunta compleja con presión de respuesta simple, Diego responde que sólo es “un hombre que ama lo que hace y es feliz tan sólo por eso. Un tipo normal, al que a veces le suceden cosas que no son normales -e inevitablemente el humor gana el remate- ahora, habría que ver qué entendemos por ‘normal’”.